Temps en moviment  10 hores 59 minuts

Temps  11 hores 42 minuts

Coordenades 9668

Data de pujada 7 / d’abril / 2019

Data de realització d’abril 2019

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  • informació

     
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56,11 km

Vista 346 vegades, descarregada 14 vegades

a prop de Cartagena, Murcia (España)

Dice Pepe Marcos: todo comenzó en Abril 2013. El mismo mes del 2019, quizá (nunca debe existir rotundidad en el aserto) haya llegado la historia a su fin. Historia de amor (nunca de odio ni siquiera de mínima animadversión) ; historia de cercanía y querencia; historia de afecto y belleza; historia de ejercicio y casi pasión. En aquella primavera del primer año relatado, “Los Siete Magníficos” al completo nos concitamos para realizar el primer recorrido en esta preciosa travesía llamada la “Ruta de las Fortalezas”; aquel día de la IV edición: Pilar, Ana, José Luis, Miguel Ángel, José María, Paco y un servidor tomamos la salida en la Plaza Héroes del Cavite de la preciosa Cartagena deseosos de comprobar si éramos capaces de completar disfrutando, los más de cincuenta kilómetros de recorrido de este “ultrameneo”. A fe, sin ninguna duda, y cada uno acorde a sus posibilidades, lo conseguimos. El seis de Abril del año en curso, cuatro de los siete volvimos a la ciudad departamental: mi cuñao José María, pá realizarla por sexta vez, y la andarina Pilar (ya sabéis, la que nunca puede pero siempre termina), mi Paco y yo mismo, camino de nuestra séptima participación. La tarde del viernes (como tradicionalmente) nos acercamos a recoger dorsales y bolsa del corredor; y también como tradicionalmente nos hicimos la foto de recuerdo y rigor en el gran cartel de la prueba ubicado en la puerta del Ayuntamiento. Y claro, no faltó la compañía de una buena cerveza. Y llegó el momento y día, sábado seis de Abril: logramos desplazarnos desde nuestra base en la Torre de la Horadada (siempre gracias, Paco) llegando a Cartagena con tiempo suficiente y aparcando al laico del Centro de Salud de Santa Lucía para, con tranquildad y dando un paseico, llegar a la ya animada zona de salida. El gran ambiente, animación y jolgorio es la constante en esta zona (como constantes son las colas hacia los mingitorios químicos). Tras un ratico de distendida espera (¡que diferencia con la primera edición!), y tras el izado de bandera y las arengas de mandos militares y civiles, comenzó, con estupenda puntualidad, a las 8 h. 5 min., la prueba. Los primeros kilómetros de “tanteo” y “calentamiento” nos llevaron hacia el primer y leve repecho, el “Castillo de los Moros”. Este año, a Dios gracias, ningún atranque y retención, con un paso distendido tanto por él como por la Barriada de Los Mateos – Santa Lucía. Tras la salida de la misma, nos dirigimos en dirección este hacia la zona del Hospital, entrando, ya en zona de monte bajo hacia el Cabezo Marcelino (Km 5). Tras la leve ascensión hasta este lugar, bajada resbaladiza, inclinadica y técnica que nos obligó a “clavar” calzado y extremar la precaución. Nos fuimos metiendo poco a poco, en Sierra Gorda y, tras un “peregrinar” de unos cinco kilómetros en continuo ascenso y por pista ancha pero totalmente rota, llegamos a lo alto de la Batería del mismo nombre. Estábamos en el primer punto de sellado y, además, en el punto más alto de la travesía a más de 310 m.s.n.m. Desde aquí, destacar que, aunque es sin duda la zona menos atractiva de la travesía, sus vistas hacia Calblanque, La Manga, el Campo de Cartagena e incluso las Sierras allende el mismo, son atractivas. Tras la contemplación de lo relatado, comenzamos la bajada por tramo común y, unos dos kilómetros después nos dirigimos por una bonita y estrecha senda de montaña hacia el Barranco del Orfeo, disfrutando de unas bonitas vistas, en lontananza, de Cartagena destacando el coloso Roldán. Llegamos al km 13.5 y allí, en el segundo avituallamiento, repusimos con agua, isotónico, fruta y barrita energética. Además, Paco aprovechó para intentar paliar los efectos de una rozadura en la zona del talón que le supuso (pá no perder la costumbre) algún quebradero de cabeza. Tras pasar por la barriada de lo Campano, tramo común por la RM-F46 llegando al Km. 15 y al comienzo de la primera gran dificultad: la subida en forma de “Vía Crucis” (literal y real) hacia el Monte Calvario. Exigente e inclinada “peregrinación” de aproximadamente un kilómetro que, ora por cemento, ora por tierra, nos llevó, con tranquilidad, cada uno a su ritmo y pasico a pasico, hasta la explanada de este lugar de oración. Tras respirar y estirar, comenzamos con el descenso mixto (hormigón – cemento) y senda cercana al Cementerio Municipal “Nuestra Señora de los Remedios” para llegar, de nuevo a la RM-F46 desviándonos hacia el oeste y entrando en la zona conocida como el “bosquecillo”. Tras un tránsito de aproximadamente un kilómetro, salimos de él, enfrentándonos a la tercera dificultad en ascenso de la prueba: la subida al Castillo de San Julián. Dos partes bien diferenciadas se nos planteaba en la misma: en la primera (hasta la llegada al punto kilométrico 20), el camino, aún siendo ancho y encontrarse en buen estado, nos exigía un andar prudente y con tiento; en la segunda, el desnivel disminuía y el acceso hasta el punto de sellado en lo alto del Monte, se tornó algo más liviano. Estábamos en el Km. 22 y tocaba volver por tramo común durante cerca de un kilómetro. Después de ello, abandonamos la pista “cómoda”, entrando en una senda en dirección sur y después noroeste con algunos tramos rotos y con un último hectómetro técnico y vertical que descendimos con suma precaución. Volvimos a pista más ancha y, tras pasar al lado de la Batería de “Trincabotijas Baja” (también llamada del “Comandante Royo”), seguimos por camino cómodo y en continuo descenso para ir llegando a ese bonito lugar que es “Cala Cortina”. Km. 25.5 de la prueba, lugar de un nuevo avituallamiento y sitio privilegiado desde donde, en su extremo sur, pudimos divisar la batería más antigua de Cartagena: “Trincabotijas Baja”. Saliendo de la mencionada cala, y abierto ex profeso para la prueba, pasamos por diferentes baterías: Santa Ana Complementaria, Santa Ana Acasamatada, San Isidoro y Santa Florentina, y finalmente la Batería de San Leandro. Salimos de las mismas y, apretando el paso, entramos en la urbe por el Paseo del Muelle y la “Grúa Sansón”. Desde aquí, y entrando por la zona de la Cuesta del Batel y la Muralla de Carlos III, ascenso corto, pero inclinadico en ocasiones, para llegar al Castillo de la Concepción (ó Castillo de los Patos). Privilegiado enclave en el Km. 30 donde observamos la zona del Teatro Romano, Catedral y el Puerto de la ciudad. Tras bajar por las escaleras cercanas al primero, nos adentramos “de lleno” en el meollo de la ciudad con un desagradable meteoro: la lluvia hizo acto de presencia arreciando por momentos. Menos mal que frente a una noticia no buena, tuvimos una sorpresa sí buena: mi hermanahijada Ana nos esperaba con unos tercios en pleno centro de la ciudad; fueron bebidos de forma rápida dirigiéndonos hacia la Plaza de San Francisco. Estábamos en el Km 31.5 de la prueba y en la zona del avituallamiento importante de la misma. Allí repusimos líquido en abundancia, sándwiches, donuts y fruta para, tras un cuarto de hora de descanso, reanudar la marcha. Nuestro siguiente punto de destino, el Cerro del Molinete, exigía un mínimo ascenso y recorrido en su totalidad. Salimos de él y nos dirigimos hacia el Arsenal Militar; este año, y por primera vez, se accedía a él, contemplando sus instalaciones así como submarinos pequeños “ornamentales” y un submarino en activo. Enlazamos con Navantia donde, por segunda ocasión, la lluvia volvió a aparecer, de nuevo, con un corto pero intenso arreón. Fueron, en total, unos 2.5 kms. por terrenos “privados” que nos llevaron hasta el Km 35.5 aproximadamente, para tomar el Camino del “Faro de Navidad” (Camino del “Espalmador”). Lo abandonamos unos hectómetros después por la derecha tomando pista ascendente que, primero en dirección este y luego sur nos llevó a la altura de la Batería de “San Juan de la Podadera”. Siempre ha sido uno de los tramos que, al que suscribe, más le ha atraído y gustado de la RDLF, ya que, en principio, podemos observar toda la Bahía de Cartagena y su ciudad mirando al norte; posteriormente, el Faro de Navidad, el Mediterráneo y las Baterías del este anteriormente sendereadas; y, por último, al sur, el precioso y acantilado acceso a la batería anteriormente mencionada. Tras estos casi dos kilómetros, escaleras y senda estrecha y empiná en dirección noroeste camino del Cuartel Defensivo y Batería de Fajardo. A su llegada, animoso personal militar nos arengabó y nueva reposición en un buen avituallamiento. Tocaba, de nuevo, descender. Estábamos, ya, en el km. casi 38 del recorrido, y el descenso activo y relajado nos debía ayudar a recuperar algo; además, en este enclave, nos encontramos con otro punto destacado y admirable de la prueba: la contemplación, en su cara este, del Monte Galeras y, sobre todo, de la bonita Algameca Chica. Lugar de parada corta pero obligatoria. Tras él, comenzamos un tramo de transición en “falso llano” que nos permitió unir el Cabezo de la Podadera con el Monte Galeras; un total de poco más de un kilómetro que nos dejó en el asfalto de largas rectas y curvas serpenteantes por el que, ascendiendo por antepenúltima vez, nos dejó en el Castillo de Galeras. Estábamos en el Km. 42 del exigente recorrido y el coherente cansancio comenzaba a hacer acto de presencia. Nuevo punto de sellado y nuevo avituallamiento. Y punto de inflexión de la prueba. Aunque sabía que íbamos con tiempo más que suficiente para entrar en el horario máximo establecido, también sabía que, hacía bastantes kilómetros, íbamos en peor tiempo que el año pasado; por tanto, bastaba de tirar de prudencia y experiencia para conseguir el objetivo: terminar. Bajamos Galeras a un buen ritmico (pero sin forzar) y nos cruzamos (por segunda vez ya que la primera fue en Fajardo) con los militares que cerraban con su bandera la prueba; ello no supuso nerviosismo ni intranquilidad en mi persona: estábamos razonablemente bien y solo había que mantener con prudencia la hecho hasta ese momento. Tras salir del penúltimo monte, entramos por la Rambla de Benipila al Barrio de la Concepción. Allí, en el Km. 46 se establecía el único punto de corte de la travesía: exigencia de pasar en menos de 9h. 45 min. Y lo hicimos aproximadamente unos 8-9 minutos antes. Tenía claro, de nuevo, que llegaríamos sin demasiados problemas. Pero claro, faltaba el último y gran meneo; faltaba ese tramo de la Sierra de Pelayo que constituye parte del PR MU-7 del Castillo de la Atalaya. Cuatro tramos diferentes nos esperaban. En el primero de ellos, de poco más de un kilómetro, por una senda en ocasiones complicada cumplimentamos un desnivel de ciento treinta metros (a estas alturas, pues ya sabéis). Además, pá mas “inri”, al finalizar esta ascensión nos sobrepasó (a las varias decenas de senderistas que íbamos agrupados) el primero de los “banderas”, arengando, metiendo bulla y provocando inquietud y desasosiego en algunos participantes (en mí, sinceramente, no, ya que sabía que iba sobrado de tiempo). Retomamos, el segundo tramo, exigía lo contrario: continuo descenso con una zona de bajada técnica, resbaladiza y vertical. Exigió prudencia máxima de todos incluidos los militares bandera que orientaron y pidieron tranquilidad para evitar caidas innecesarias y, a estas alturas, seguro que nefastas. El tercer tramo, de pura transición, llano y de varios hectómetros por senda cómoda donde aceleramos con prudencia para llegar al gran desafío final: km 50.5 de travesía y zona combinada con una preciosa subida empedrada dura y vertical combinada posteriormente con zona cementada de acceso a la zona del castillo; hablamos de 1.2 kms. en total con un desnivel positivo de doscientos metros (quien, como nosotros, lo conocemos, sufre; quien lo realiza por primera vez, jura en arameo). Pero, con tiento, paso a paso y siguiendo la estela de los que iban delante y sin querer provocar adelantamientos innecesarios, Pilar, Paco y Pepe (usease yo) llegamos a la Atalaya. Faltaba darla la “vuelta al ruedo”, sellar por penúltima vez y acometer su bajada. Estábamos en el Km. 52 y, no había duda, estaba hecho. Comenzamos la bajada por la nefasta para las rodillas pista hormigonada con la andarina casi trotando y con coherentes ganas de terminar. Salimos hacia la Calle Peroniño y Subida a los Pinos (lugar del último avituallamiento), Albaida y Calle Muérdago, hasta llegar al sendero de ascenso a Tentegorra. Tras un breve tramo por él, llegamos a la puerta principal de acceso a la Escuela de Infantería de Marina “General Albacete y Fuster”. Pilar se había puesto a tirar como ella sabe hacerlo en llano e íbamos (como sabía) más que sobrados de tiempo. Habíamos adelantado a no menos de dos docenas de senderistas y, a la entrada al Acuartelamiento, nos esperaban mi hermana y mi cuñao José María que había terminado con un extraordinario crono poco después de las diez horas. Solo nos separaba poco más de medio kilómetro del Arco de Meta; las piernas iban solas; el cuerpo, cansado, respondía a las estimulantes órdenes endorfínicas del cerebro; de nuevo, estábamos terminando un ultrameneo. Solo cinco semanas después de la exigente prueba de Ceuta, volvíamos a Cartagena y terminábamos nuestra prueba preferida y talismán. Estábamos ya en la recta de Meta, los abundantes militares nos daban la enhorabuena; lo habíamos vuelto a hacer: Pilar- Paco – Pepe llegaban a buen término, por séptima vez, la RDLF. Levantando los bastones y mostrando siete dedos “alzados”, mirando al cielo, cruzamos el Arco. Fuimos, de nuevo “fortachines”. Y sí, calculamos bien: nos “sobraron” veinte minutos (pido perdón por el punto de narcicismo). Tras la imposición de la medalla y la foto de rigor ante la mascota de la prueba, fuimos a la zona de hidratación y este año ¡sí! pudimos deleitarnos con unos estupendos vasos de Estrella de Levante de barril; ¡que bien supieron copón!. Tampoco perdonamos el rancho final (a algunos siempre nos sabe casi a gloria) y, casi oscureciendo y con el frío que al parar se nos había metido en el cuerpo, recogimos y nos fuimos de vuelta a la Torre. Para terminar (pido excusas porque siempre estas narraciones son demasiado largas), quisiera dedicar esta (salvo que Rocío se anime) última Ruta de las Fortalezas a tres personas: mi hermana Belén (ha sido, es y siempre será buena rematá) ; a mi primo Miguel Ángel y, cómo no, a nuestro sherpa, al gran José Luis (ya sabes que somos lo que somos y estamos aquí, gracias a ti).

4 comentaris

  • Foto de pepemur

    pepemur 07/04/2019

    He fet aquesta ruta  veure detalls

    La Ruta de las Fortalezas nunca defrauda: entorno precioso y exigencia máxima a la par.

  • Foto de EBER.

    EBER. 09/04/2019

    Impresionante, felicitaciones. 😉

  • Foto de pepemur

    pepemur 09/04/2019

    Muchas gracias Eber.

  • coki7090 09/04/2019

    dura y exigente como pocas

Si vols, pots o aquesta ruta.