Temps en moviment  3 hores 7 minuts

Temps  5 hores 42 minuts

Coordenades 2684

Data de pujada 8 / d’abril / 2018

Data de realització d’abril 2018

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-
1.488 m
1.122 m
0
3,8
7,6
15,14 km

Vista 707 vegades, descarregada 32 vegades

a prop de Sotalbo, Castilla y León (España)

Con motivo de la XLIII Marcha Infantil Miguel Angel Gonzalez Nañez, que organiza el Grupo de Montaña Almanzor de Avila, decidimos revisar la ruta una semana antes para ver su trazado y dejar grabado el track.

Disfrutamos de un buen paseo con impresionantes vistas sobre el Valle Ambles , toda la sierra del Zapatero, de sus arroyos, cascadas ,piedras singulares... Ademas encontramos parte de nuestra historia en el Castro de Ulaca, el Castillo de Manqueospese y el de Sancho Estrada.

Aunque no es un ruta muy larga 15 km y con varios km por pista forestal, en su mayoria discurre por trochas de ganado o incluso campo a traves, por eso yo la califico "moderada" a pesar de no tener demasiadas complicaciones.

Distancia: 15 km
Duración: 4 horas (sin paradas)
Dificultad: Moderado.
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IMPORTANTE: Esta información tiene carácter únicamente orientativo Quien quiera que haga uso y seguimiento total o parcial de este track incluidos sus datos adicionales, asume la plena responsabilidad ante los riesgos propios de la práctica de la actividad referida

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Fuente

Waypoint

Salir del asfalto y tomar de la senda de la izquierda.

Intersecció

Seguimos por la Izquierda.

Waypoint

Salimos al Camimo

Castell

Castillo de Malqueospese o Aunqueospese

Levantada sobre los peñascales de las primeras estribaciones de la Sierra de la Paramera, la fortaleza de Malqueospese se alza a 1362 metros de altitud y se asoma al Valle de Amblés con la chulería sabia de su planta irregular, mimetizada con las rocas donde se asienta. En este castillo se combina el sillar, el sillarejo y la mampostería, distribuidos alternativamente en los dos recintos que lo conforman. El primer recinto defensivo es una barbacana que se traspasa por una puerta conopial coronada por el escudo de la familia Dávila bajo alfiz, abrazado por dos potentes cubos, por donde accedemos al recinto interior, de mayor altura –la fortaleza en sí-, en el que se distinguen patio de armas, caballerizas, torre del homenaje, un ala que contenía salones y cocinas, ... Si bien aparece atestiguada la presencia de un castillo anterior allá por los siglos XI y XII, ocupado por caballeros de Ávila, expulsados de la ciudad, debió reformarse hasta tomar el aspecto actual del XV, que delatan sus troneras de ojo de cerradura invertida, las troneras-buzón y las airosas escaragüaitas o torrecillas colgadas del lienzo sobre ménsulas escalonadas. Según la Crónica de la Población de Ávila, estos caballeros tuvieron en esta fortaleza, conocida entonces como castillo de Sotalvo, su centro de operaciones, desde donde dirigían violentas razzias contra Al Ándalus. Hubo de ser importante, pues se sabe que los musulmanes lo atacaron como réplica a las expediciones de castigo y saqueo que se mandaban desde esta fortaleza. Una nota jocosa, como curiosidad para el visitante, no podemos olvidar la letrina de la cara oeste, un agujero redondo en el suelo de un torreoncillo saliente por donde los antiguos y no tan antiguos soltaban al vacío lo que otros no podían hacer por ellos. Malqueospese, también conocido como Aunqueospese, pasó en 1740 a la Casa de Medinaceli y en el siglo XX al común del pueblo de Sotalvo, municipio que se domina desde la fortaleza y que lo cedió a Mironcillo a cambio de unos prados y pastizales en el Valle. Un par de décadas atrás un particular lo compró y comenzó a restaurarlo, afirmó pisos de madera (y no fue mala idea) pero levantó algunos tabiques con bovedillas de cemento y cerró algunos techos con uralita, chapuzas y desmanes que detuvieron la ruina pero que le valieron por parte de Patrimonio la prohibición de seguir adelante. Sin ningún tipo de ayudas el hombre se cansó y actualmente Malqueospese, la atalaya del Valle de Amblés, se encuentra abandonado a una suerte que no quisiera llegar a ver, al tiempo que algún gracioso le dedica una mediocre pintada en sus ancianas piedras. Aunque todo esto cabree al amante de estos monumentos, y de éste, declarado Monumento Histórico-Artístico el 3-VI-1931, aún podemos subir a sus torres por escaleras de caracol y acceder a tramos del adarve, aunque puede resultar peligroso y haya que extremar las precauciones. Todavía sus muros hacen cara a los elementos y nos traen el eco de las glorias y las miserias que dentro de él se labraron, las leyendas que saben las abuelas, el amor imposible de Álvar Dávila y Guiomar de Zúñiga, amores de un tiempo tal vez real, tal vez soñado. La leyenda de Malqueospese Cuentan las viejas consejas que allá por 1212 volvían las huestes de Ávila ebrias de gloria y sangre de la batalla de las Navas de Tolosa de combatir “como buenos” y que entraban en la ciudad tras los pendones de su capitán, Don Álvar Dávila, señor de Sotalvo, jinete sobre un negro corcel, crecidos y vitoreados por el populacho. Y cuentan que de una ventana lo miraron unos ojos negros de mujer morena con una sonrisa en los labios. Y que Don Álvar concluyó sin corazón su marcha triunfal, ¡lo había perdido en una sonrisa! Nada menos que la hija del Corregidor, D. Diego de Zúñiga. Álvar, en un alarde, pediría su mano tras cometer todo tipo de desaguisados y atropellos por la ciudad y su tierra. Ella, como en todas estas historias, lo amaba como una posesa y no podía aceptar que su padre no sólo le negase el matrimonio con ella sino que además lo desterrara. El mozo se recluyó en su castillo de Sotalvo no sin antes soltar lo de “Mal que os pese la veré”. Por las noches hacía hogueras en una torre del castillo para que su amada viera desde su palacio de Ávila cómo ardía en deseos por ella. Las palomas cubrían la distancia con mensajes de fidelidad, amor cortés, de pedir a Dios, ... y creemos nosotros que también de lascivia (imaginaos que en un mundo en que las mujeres no enseñaban ni el tobillo cualquier leve insinuación le pondría a uno de lo más verraco). Un día una de estas “ratas del cielo” heló la sangre de Alvarito con la noticia de que iban a casarla con otro en la basílica de San Vicente. Cuentan las viejas consejas que el joven Dávila salió al galope de su fortaleza el día de la boda con otros cuatro o cinco secuaces camino de Ávila con la idea de raptar a Guiomar y desposarla en la pequeña iglesia de Sotalvo y luego resistir hasta el fin, si los atacaban, tras los muros de Malqueospese. La leyenda se pierde aquí. Para unos Álvar se plantó en la boda, hizo las paces con Don Diego y consiguió la mano de su hija. Para otros, el Dávila fracasó en su empresa, regresó al castillo, que recogió para siempre en sus piedras el eco de su dolor, y marchó poco después al frente con sus mesnadas, donde buscó la muerte y la encontró “peleando como bueno”. Zubeze y Aldefonso Otra leyenda nos lleva hasta unas fechas en que la media luna no había sido despojada de las alturas del castillo. La mora Zubeze, hija de Ben Hus Mar, señor de la fortaleza, amaba al cristiano Aldefonso, pero el moro no podía sufrir aquesto e decidió casarla con un príncipe agareno de Jaén. Zubeze prefirió la muerte antes que renunciar a su sueño de vivir con el cristiano, por lo que dio con el fin de sus días tras precipitarse al vacío desde una de las torres de la fortaleza. Mal que os pese, lo querr
geocache

Altar rupestre

Waypoint

Salimos del camino para tomar la trocha.

Porta

Pasamos la cerca de alambre por la izquierda

panoràmica

Valle de Ambles

panoràmica

Cascada del Colmenar

Waypoint

Pista forestal

Waypoint

Tomamos la pista de la derecha

Porta

Barrera metalica

Riu

Arroyo Navaelpino

panoràmica

Pared sur del cerro de Ulaca

panoràmica

El Picuezo

Cascada

Chorrera del Buo

panoràmica

Valle del Arroyo Picuezo.

refugi

Majadas de El Picuezo

Waypoint

Salir del camino

Informació

Ojo...Pradera Empapada !!

Riu

Río Picuezo

Porta

Portera de Alambres

Porta

Portera de Alambres, atentos a la vista de las chorreras y Pozos en el rio

Waypoint

Salimos del camino por la izquierda, atentos a los hitos.

geocache

Las Chinitas

panoràmica

Panoramica de todo lo que llevamos recorrido.

Ruïnes

El Torreon

Es un edificio de gran aparejo y planta subrectangular (14 x 10 m), delimitado por un recinto amurallado (70 x 48 m) con doble paramento de grandes piedras. Podría haber servido de atalaya defensiva, ya que desde su posición, controlaba gran parte de la superficie poblada, aunque la ausencia de excavación impide una interpretación más precisa, habiéndose sugerido un uso público.
geocache

Las Canteras

Un elemento excepcional y espectacular al mismo tiempo, desconocido en otros oppida célticos, son las canteras de granito en el interior del hábitat. Quedan visibles las huellas de las cuñas y los bloques cortados en distinto grado de elaboración. las canteras se sitúan en los sectores oeste y suroeste de la ciudad. En ambos casos se buscaron grandes planchas de granito y se aprovecharon siguiendo las vetas y las fracturas naturales. El proceso de trabajo se debió iniciar marcando con cortafríos y mazos pequeñas ranuras a intervalos regulares (28 y 36 cm.), después se introducían cuñas para romper por la línea marcada y así obtener bloques más o menos grandes, entre 60 y 120 cm. de longitud y aún mayores. Con perchas y palancas de madera se moverían los bloques de primera extracción para posteriormente ser objeto de nuevos cortes y conseguir bloques más pequeños. Todo este proceso de trabajo ha quedado congelado en las canteras. Se pueden medir los espaciamientos entre las ranuras para cuñas marcadas y nunca utilizadas, los bloques de primera extracción sin trocear, los bloques semielaborado y por último incluso algunos terminados y no transportados. Este detalle hace pensar en que todo el trabajo de cantería se desarrollaba en estos lugares. Como se ha señalado recientemente (del Val y Escribano 2004: 38) las canteras de Ulaca confieren un aspecto mágico al lugar, parece como si el tiempo detenido pudiera ver en algún momento el retorno de las gentes de Ulaca para terminar los trabajos abandonados a medio hacer. La cantera oeste debió utilizarse para la obtención de material constructivo para las viviendas de los alrededores, y de hecho las dimensiones de los bloques se asemejan a los de las casas más cercanas. la cantera del ángulo suroeste, muy próxima a la muralla, parece que estuvo más relacionada con la elaboración de grandes sillares para la construcción del cierre defensivo. Aunque, como hemos visto al tratar de las murallas, en este sector sólo se emplearon para delimitar la base de la muralla. la interrupción del levantamiento del muro podría ayudar a entender el abandono de la cantera dejando a medio trabajo muchos bloques y no llegando a extraer otros marcados. la gran escala de los trabajos de cantería -por encima del nivel doméstico de cada hogar -, la posible existencia de especialistas, el empleo de medidas modulares y la posibilidad de reconstruir casi íntegramente el proceso de trabajo, confieren a las canteras de Ulaca un gran interés. En definitiva, los materiales constructivos se podían conseguir dentro del propio oppidum, ahorrando tiempo y esfuerzo y, además, con la seguridad añadida de trabajar dentro del recinto amurallado.
Ruïnes arqueològiques

Viviendas

Las casas presentan plantas cuadradas y rectangulares con gruesos muros de piedra. Hay plantas sencillas con dos o tres estancias, de unos 40-80 m2, y otras más complejas con más departamentos y mayor superficie (hasta 250 m2). Las jambas de las puertas están bien marcadas por grandes lajas de granito. Las cubiertas debieron ser de piorno como lo hacían los chozos de pastor y las tinadas para las ovejas hasta hace poco tiempo. La falta de excavaciones -sólo se excavaron dos casas en los años 1970 que se han restaurado -impide precisar la organización interna, que en cualquier caso dispondría de hogares, bancos adosados a las paredes, zonas de almacenamiento y áreas de descanso. Desconocemos si además de estructuras domésticas había otras sólo de almacenaje o con otras funciones. El total de estructuras dentro del recinto amurallado es, como se ha señalado, de algo más de 250, que se elevaría hasta alrededor de las 300 si se suman las casas fuera de las murallas al Noreste del recinto. La existencia de casas extramuros permite suponer, además, que el recinto amurallado no implicaba una situación de peligro e inestabilidad permanente. En los momentos de conflicto la población podría refugiarse dentro del poblado, ya que existía espacio libre suficiente para todos. Sabemos que otros oppida vettones tenían arrabales o barrios extramuros como Las Cogotas y Salmantica, en este último caso referido al año 220 a.C. en la toma de la ciudad por Anibal. En general la conservación de las ruinas es muy buena, pudiéndose delimitar las características generales de la planta, compartimentación interna y puertas de acceso. Es cierto que habría que considerar la posibilidad de que en algunos sectores del poblado las viviendas estuvieran enterradas, pero el afloramiento de la roca base en muchos puntos y la falta de evidencia de aportes sedimentarios hace muy verosímil que los restos de estructuras hoy visibles correspondan a las estructuras realmente existentes. De alguna manera estamos ante la fosilización superficial de un poblado de la Edad del Hierro con unas excelentes posibilidades para analizar su anatomía. Volviendo a las casas, parece común la existencia en todas las viviendas de zócalos de piedra de 80-100 cm. de grosor y doble paramento. Apenas hay vestigios de adobe o tapial para el recrecimiento de las paredes y la abundancia de granito podría ser consistente con la idea de alzados de piedra hasta la cubierta. Algo lógico si tenemos en cuenta la arquitectura tradicional que hasta hace poco se levantaba en los pueblos de la zona. No parece que tuvieran ventanas por lo que la ventilación e iluminación se tuvo que hacer por la puerta principal y la luz del hogar. Su interior estaría en constante penumbra como sucede en las majadas actuales. Algunas casas han sido parcialmente talladas sobre un gran peñasco que sido rebajado hasta ofrecer un aspecto semihipogeo. La prolongación de los muros hacia el exterior permite aventurar la idea de que algunas tuviesen un porche o zaguán; aunque no habría que descartar que se tratase de pequeños corrales anexos a la vivienda. La mayoría de las casas abren sus puertas -casi siempre bien reconocibles - hacia el Este, hacia la salida del sol. Probablemente para así poder aprovechar mejor las horas de luz. Las puertas podrían haber sido parecidas a las de las tinadas actuales, planchas de edera unidas entre sí por clavos y trozos de cuero que hacen de bisagras. Algunas ofrecen el soporte de un pilar central para sostener las vigas de la techumbre. Nada se nos ha conservado de las cubiertas pero, dada la disposición del terreno, lo más lógico es que vertieran aguas por delante de la fachada en dirección a las vaguadas, siguiendo la pendiente. Cubiertas sencillas a dos aguas como hacen algunas construcciones tradicionales de la comarca tampoco son desechables. Básicamente entre los dos centenares largos de estructuras identificables hay dos tipos de casas: las sencillas de planta cuadrangular o rectangular con una, dos o tres estancias y las complejas que aún manteniendo plantas cuadrangulares o rectangulares cuentan con una gran estancia a la que se accede directamente desde el exterior y luego otra serie de habitaciones contiguas o dispuestas en torno a un eje longitudinal. Estas últimas repiten esquemas domésticos de casas de El Raso de Candelada, al otro lado del Sistema Central, y parecen recoger tradiciones de la arquitectura orientalizante, de la región extremeña. No es posible hoy intentar una mínima ordenación cronológica de las viviendas, y aunque destaca la aparente homogeneidad señalada, es posible que en los últimos momentos de la vida de la ciudad se dejaran sentir influencias romanas. Algunas construcciones grandes -entre 400 y 700 m2 -con proporciones modulares de las estancias y el empleo de grandes sillares en los zócalos podrían remitir a modelos itálicos y del valle del Ebro bien definidos en los s. II-I a.C. Prácticamente nada podemos decir sobre su organización interna. Parece que en algunas existieron bancos adosados a las paredes que servirían para sentarse y como aparadores de la vajilla y útiles domésticos. La referencia de Estrabón sobre los pueblos montañeses del Norte que se sientan para comer en bancos corridos según edad y rango y hacen pasar los alimentos no parece oportuna para esta zona aunque se ha repetido casi siempre. Habría hogares en el centro o adosados a las paredes y el almacenaje de grano y otros alimentos se realizaría en grandes vasijas de barro. Con todo otro problema es que la falta de excavaciones no permite reconocer como viviendas todas las estructuras, es posible que algunas tuvieran otras funcionalidades. Algo que sólo futuros trabajos de excavación podrán elucidar. En este sentido, en el sector meridional de la ciudad hay una gran estructura (14 x 10 m) construida con gran aparejo que se encuentra rodeada por un amplio recinto murado ( de 70 x 48 m) con doble paramento de grandes piedras. No se trata de una vivienda común como el resto y parece tentador relacionarla con una función pública o privada vinculada a las elites del oppidum. La cantidad de bloques que constituyen el derrumbe permite suponer razonadamente que el edificio tuvo una altura importante, desde luego muy superior a la convencional de las casas. Si fue una especie de atalaya defensiva, controlando una gran superficie del área habitada en el sector más elevado de la ciudad o una residencia de la elite es algo que habrá que investigar en el futuro.
Ruïnes arqueològiques

La Sauna.

A unos 150 m hacia el Sur del santuario se encuentra una construcción excavada en la roca, de planta rectangular, tradicionalmente interpretada como un horno metalúrgico y hoy más convincentemente considerada una sauna ritual, aunque no se practicado ninguna exploración arqueológica más allá de lo que se ve en la actualidad. Se trata de una construcción semihipogea de planta rectangular y 6,4 m de longitud excada en un gran peñasco de granito. En la actualidad parece que se pueden identificar los restos de un recinto murado que la rodea de unos 32 x 24 m, que de confirmarse su relación con la estructura reforzaría la profunda significación simbólica y especial de la sauna. Aceptando la propuesta de sauna se puede entender divida en tres ámbitos: horno para fuego, cámara con dos asientos labrados para recibir el baño de vapor y antecámara. Se trataría de una sauna en relación con baños iniciáticos, a partir de los paralelos con las saunas o "pedras formosas" de la cultura castreña del NO. Peninsular. Estructuras de función semejante se conocen en la protohistoria europea del mundo atlántico nórdico y céltico. Su asociación al agua, al vapor y al fuego en lugares hipogeos, así como un conocido texto de Estrabón alusivo al desarrollo de estas prácticas entre las poblaciones del valle del Duero, podrían relacionarlo con ritos de iniciación de cofradías de guerreros: "De algunos de los pueblos que viven en las inmediaciones del Duero se dice que viven a la manera espartana, ungiéndose dos veces con grasas y bañándose de sudor obtenido con piedras candentes, bañándose en agua fria y tomando una vez al día alimentos puros y simples" (Estrabón, 3,3,6) Lo mismo sucedía entre las poblaciones escitas y galo-romanas, que mantenían una importante tradición de baños de vapor y que llamaron la atención a varios escritores de la Antigüedad.
Ruïnes arqueològiques

Santuario y Altar de Sacrificios

En el sector noroccidental del poblado y en una zona relativamente apartada de la concentración de casas se encuentra el llamado santuario y el altar de sacrificios. El santuario es una estancia parcialmente excavada en la roca de planta rectangular (16 x 8 m) con dos accesos, por el Sureste y el Oeste. Las paredes se conservan en algunos puntos hasta una altura de 2 m. El espacio del santuario se cerraría por los lados abiertos con sillares de fábrica tosca que se ven desparramados por los alrededores. Este santuario se asocia a una gran peña en la que se tallo un altar con talud en tres de sus lados. En uno de los lados de la cara que mira hacia el Norte se labraron dos escalinatas paralelas con seis y ocho peldaños que conducen a una superficie plana con dos concavidades comunicadas entre sí. y una de ellas vertía en una tercera que a través de un canalillo conducía los líquidos al pie del altar. La sacralidad del monumento es posible establecerla a partir de una serie de testimonios literarios y epigráficos, que encuentran en el santuario portugués a cielo abierto de Panoias (Vila Real) una de sus expresiones más claras: además de las peñas talladas, cuya parte superior ha sido allanada para albergar diversas cavidades, el sitio ofrece inscripciones latinas que nos informan sobre los sacrificios realizados. De una de las inscripciones se deduce que el sacrificio tenía lugar en un edificio que coronaba la construcción. Mientras las entrañas de las víctimas se quemaban en unos nichos o cubetas y la sangre vertía en otros similares, al tiempo que se rendía culto a las divinidades, algunas de ellas indígenas. Por tanto el sacrificio comprendía varias fases y en lugares distintos; se trataría de un ritual de iniciación que ofrece un orden y un itinerario determinado, que forzosamente hay que relacionar con la variada morfología de estos monumentos. De esta manera cabe dar cierta cobertura a la reconstrucción idealizada de sacrificios de animales con vertido de sangre que podrían haberse realizado en el altar de Ulaca. Por último, la coincidencia de la orientación del altar con la cumbre más alta de las alineaciones de Gredos visibles desde Ulaca, el Pico Zapatero, podría no ser casual y estar intencionadamente buscada quizás en asociación con algún fenómeno celeste de conocimiento ya en la Edad del Hierro. En todo caso es un tema sobre el que valdría la pena dedicar una exploración futura. Casi al pie de la ladera en la vertical del santuario hay una cueva, más bien una estrecha grieta entre los granitos, que podría vincularse a concepciones religiosas de tradición céltica. Existe una cavidad bajo el oppidum y esto es de gran importancia para el estudio de Ulaca. La importancia ideológica de la organización del espacio urbano en el mundo celta, el concepto de mundus y las ideas onfálicas han sido subrayadas en más de una ocasión.
Porta

Puerta en la segunda linea de muralla

Una potente muralla de granito rodeó el asentamiento con un perímetro de más de 3000 m. y una anchura mínima de 2 m., aunque en algunas partes no está conservada y hace difícil su restitución. La muralla se adapta bien a la morfología del terreno y es de gran aparejo en lienzos y torreones y sobre todo en las puertas. Aprovecha siempre que puede las afloraciones de granito que emergen del suelo, integrándolas en su estructura y se interrumpe cuando la topografía del terreno la hace innecesaria. Sigue en gran medida el borde de la meseta sin perder altura para mantener siempre posiciones defensivas inequívocas. La aspereza del terreno y los fuertes escarpes que rodean a la ciudad no exigen mucha contundencia en las obras de fortificación. En cualquier caso la línea continua de muralla en todo el sector norte tuvo que presentar un imponente aspecto vista desde el valle. En ese sentido las murallas actuarían como un elemento de prestigio visual y símbolo de la pujanza de la comunidad que se resguardaba tras ellas. Además del papel defensivo la muralla servía para delimitar al grupo social, a la comunidad que vivía dentro. Salvo algunos puntos con poca visibilidad, desde dentro del oppidum sus habitantes verían siempre los muros protectores y delimitadores. La técnica constructiva de la muralla es de dos paramentos con bloques grandes y las caras planas vistas al exterior, cogidos en seco, mientras que el interior se rellena de piedras más pequeñas. En algunos puntos, especialmente al mediodía, sólo se llego a marcar la cimentación de la muralla, por otro lado casi innecesaria debido a los fuertes cortados que protegen ese sector. En algunos puntos la muralla parece reforzarse con dos o tres paramentos. La posibilidad de un remate de las murallas con empalizada de madera, especialmente en las zonas de las entradas, está sostenida por el episodio del incendio de las murallas de Pallantia en el año 74 a.C. tras el asedio de la ciudad por Pompeyo, según nos relata Apiano. Parece que sólo un tipo de remate así podría permitir que se incendiaran las murallas. Pero ciertamente no tenemos pruebas arqueológicas de que este fuera el tipo de remate de la parte superior de las murallas del ámbito vettón. Se pueden identificar al menos nueve interrupciones de la muralla que por sus dimensiones y características bien podrían ser otras tantas puertas de entrada. Algunas se reconocen bien y han sido consolidadas recientemente pero otras resultan muy problemáticas. Las puertas mejor conservadas y más complejas son la del Noroeste y la del Noreste. La puerta del Noroeste -por dónde se accede al oppidum - estuvo además protegida por varias líneas de muralla que la anteceden. Mientras que la puerta del Noreste -por dónde se sale siguiendo el itinerario de visita -es una puerta en esviaje: los dos tramos de muralla adoptan una posición paralela, dejando un espacio libre entre ambos para pasar. De ella salía un camino, parece que enlosado, como el del segundo recinto de Las Cogotas, hoy medio oculto por los derrumbes de la propia muralla. Por las laderas todavía se ven las rampas por dónde discurrían este y otros caminos que llevaban al llano. Las huellas de ruedas de carro son visibles en algunos puntos. La gran superficie de Ulaca queda claramente puesta de manifiesto en la comparación de su recinto amurallado con la Ávila medieval. Sencillamente las más de 60 Has. del oppidum vettón superan ampliamente la superficie de la ciudad de Ávila. Los cálculos de población son difíciles y complicados pero a partir de otros poblados en los que contamos con cementerios, como Las Cogotas y La Mesa de Miranda, se ha podido determinar un valor de entre 15 y 20 habitantes por Ha. Según esas estimaciones la población de Ulaca oscilaría entre 1050 y 1400 habitantes, lo que se ajustaría bastante bien a las 250 estructuras reconocidas. Todo ello no debió ser obstáculo para que en momentos de inestabilidad y peligro pudieran refugiarse tras sus murallas una población que podría doblar esas cifras. Desde luego los espacios libres lo permitirían sin muchas complicaciones.
Ruïnes

Muralla exterior

Una potente muralla de granito rodeó el asentamiento con un perímetro de más de 3000 m. y una anchura mínima de 2 m., aunque en algunas partes no está conservada y hace difícil su restitución. La muralla se adapta bien a la morfología del terreno y es de gran aparejo en lienzos y torreones y sobre todo en las puertas. Aprovecha siempre que puede las afloraciones de granito que emergen del suelo, integrándolas en su estructura y se interrumpe cuando la topografía del terreno la hace innecesaria. Sigue en gran medida el borde de la meseta sin perder altura para mantener siempre posiciones defensivas inequívocas. La aspereza del terreno y los fuertes escarpes que rodean a la ciudad no exigen mucha contundencia en las obras de fortificación. En cualquier caso la línea continua de muralla en todo el sector norte tuvo que presentar un imponente aspecto vista desde el valle. En ese sentido las murallas actuarían como un elemento de prestigio visual y símbolo de la pujanza de la comunidad que se resguardaba tras ellas. Además del papel defensivo la muralla servía para delimitar al grupo social, a la comunidad que vivía dentro. Salvo algunos puntos con poca visibilidad, desde dentro del oppidum sus habitantes verían siempre los muros protectores y delimitadores. La técnica constructiva de la muralla es de dos paramentos con bloques grandes y las caras planas vistas al exterior, cogidos en seco, mientras que el interior se rellena de piedras más pequeñas. En algunos puntos, especialmente al mediodía, sólo se llego a marcar la cimentación de la muralla, por otro lado casi innecesaria debido a los fuertes cortados que protegen ese sector. En algunos puntos la muralla parece reforzarse con dos o tres paramentos. La posibilidad de un remate de las murallas con empalizada de madera, especialmente en las zonas de las entradas, está sostenida por el episodio del incendio de las murallas de Pallantia en el año 74 a.C. tras el asedio de la ciudad por Pompeyo, según nos relata Apiano. Parece que sólo un tipo de remate así podría permitir que se incendiaran las murallas. Pero ciertamente no tenemos pruebas arqueológicas de que este fuera el tipo de remate de la parte superior de las murallas del ámbito vettón. Se pueden identificar al menos nueve interrupciones de la muralla que por sus dimensiones y características bien podrían ser otras tantas puertas de entrada. Algunas se reconocen bien y han sido consolidadas recientemente pero otras resultan muy problemáticas. Las puertas mejor conservadas y más complejas son la del Noroeste y la del Noreste. La puerta del Noroeste -por dónde se accede al oppidum - estuvo además protegida por varias líneas de muralla que la anteceden. Mientras que la puerta del Noreste -por dónde se sale siguiendo el itinerario de visita -es una puerta en esviaje: los dos tramos de muralla adoptan una posición paralela, dejando un espacio libre entre ambos para pasar. De ella salía un camino, parece que enlosado, como el del segundo recinto de Las Cogotas, hoy medio oculto por los derrumbes de la propia muralla. Por las laderas todavía se ven las rampas por dónde discurrían este y otros caminos que llevaban al llano. Las huellas de ruedas de carro son visibles en algunos puntos. La gran superficie de Ulaca queda claramente puesta de manifiesto en la comparación de su recinto amurallado con la Ávila medieval. Sencillamente las más de 60 Has. del oppidum vettón superan ampliamente la superficie de la ciudad de Ávila. Los cálculos de población son difíciles y complicados pero a partir de otros poblados en los que contamos con cementerios, como Las Cogotas y La Mesa de Miranda, se ha podido determinar un valor de entre 15 y 20 habitantes por Ha. Según esas estimaciones la población de Ulaca oscilaría entre 1050 y 1400 habitantes, lo que se ajustaría bastante bien a las 250 estructuras reconocidas. Todo ello no debió ser obstáculo para que en momentos de inestabilidad y peligro pudieran refugiarse tras sus murallas una población que podría doblar esas cifras. Desde luego los espacios libres lo permitirían sin muchas complicaciones.
geocache

Piedra caballera

Es una roca granítica de tamaño grande que se apoya en el suelo, o sobre otra, sobre una base estrecha que le da un cierto aire de inestabilidad. O amontonamiento en vertical de piedras graníticas con cierto aire de inestabilidad. (Son los tor ingleses). Su origen se debe a la descomposición diferencial y posterior erosión del granito. Podemos encontrarlas en los berrocales que son zonas donde predominan los berruecos, es decir piedras graníticas de formas más o menos redondeadas. Los caos de bolas son paisajes graníticos que, debido a su descomposición y erosión, aparece como un desordenado conjunto superficial de bolas o bloques graníticos
Informació

Panel informativo del Castro

Museu

Museo a la derecha, iglesia a la izquierda.

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Fuente

Castell

Castillo de Sancho Estrada

Se construyó en dos etapas diferentes. En el siglo XV, Nuño González del Águila y Guzmán lo mandó construir con el fin de vigilar el paso desde el Valle de Amblés a la Sierra de la Paramera. Presenta un recinto rectangular con troneras de ojo de cerradura invertido, escoltado por un torreón, y una esbelta torre cilíndrica de 14 metros de altura en la esquina sureste. En el segundo periodo de construcción, en le siglo XVI, se llevó a cabo la ejecución de la Torre de las Damas, la cual es un saliente con forma de ábside con pequeñas garitas. Esta torre cuenta con dos puestos de vigilancia, una ventana plateresca con decoración de arco de medio punto con venera en el tímpano sobre columnas, con reja de hierro, y flanqueada por sendos escudos de Nuño González del Águila y Guzmán y de su esposa Teresa Velasco y Guevara. Sobre el conjunto, otro escudo, esta vez del apellido Dávila. En la actualidad, el Castillo de Villaviciosa es un hotel.
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Lavaderos y el Verraco

Los verracos son esculturas originalmente realizadas por los vetones, casi siempre de granito, que representan cerdos, jabalíes o toros. Están datados desde del siglo IV a.C. hasta el siglo I d.C. Es un tipo de escultura algo esquemática, que tiende a representar los rasgos más significativos del animal. Son todos animales machos, repitiendo siempre la misma postura, de pie y sobre una peana. El número de verracos documentados que han llegado hasta nuestros días son algo más de 400 ejemplares, de diverso tamaño y tipología, aunque se cree que posiblemente puede haber algunos más todavía sin descubrir. A veces no están completos e incluso se reutilizaron partes de ellos como sillares en épocas posteriores para la construcción de edificios o murallas, algo que ocurre en la Puerta de San Vicente de la muralla de Ávila. Actualmente lo que podemos contemplar es la talla en piedra sin más, pero hay bastantes indicios de que estaban adornados con algunos otros elementos. Por ejemplo, los orificios que tienen muchos de ellos a la altura de los cuernos debieron ser usados para incrustar algún tipo de cornamenta de madera o material similar. También aparece frecuentemente a la altura del lomo unas pequeñas concavidades que quizás servían para la realización de determinadas ceremonias o rituales relacionados con estos animales. Además, posiblemente los verracos fueran figuras policromadas, al igual que otras muchas esculturas íberas de aquella época. Hasta el siglo II a.C. estuvieron vinculados con la cultura de los vetones y se extendieron por bastantes zonas del área de influencia de este pueblo emparentado con los celtas, en lugares de la Meseta del Occidente de la Península Ibérica limitados en el norte por el río Duero y en el sur por el río Tajo, sobre todo en lo que hoy son las provincias de Ávila, Cáceres, Salamanca, Segovia, Toledo, Zamora y en determinadas ubicaciones del norte de Portugal. A partir del siglo I a.C. los romanos que dominaban este territorio siguieron con la tradición. Los verracos realizados por los vetones habitualmente eran más grandes que los romanos, ya que algunos de éstos tenían algo menos de un metro de longitud. El mayor de los pertenecientes a los vetones, de 2,50 metros de largo y 2,43 metros de alto, es el toro hallado en la localidad abulense de Villanueva del Campillo. Está reconstruido ya que le faltaba toda la parte posterior. Su cronología es de los siglos IV a.C. o III a.C. Se localizó en un prado del término municipal junto a otro más pequeño y se exponen ambos en la Plaza del Ayuntamiento. Esta zona, muy rica en pastos y con abundantes manantiales, está situada cerca de la entrada al valle Amblés por el puerto de Villatoro. Uno de los conjuntos escultóricos más destacados son los Toros de Guisando, ubicados en El Tiemblo, Ávila. Son cuatro verracos de 2,8 metros de largo y 1,5 metros de alto, que se encuentran en el mismo sitio donde fueron esculpidos, en la antigua frontera de los territorios vetones. Las esculturas están completas y muy bien conservadas. Al menos en una de ellas hay restos de una inscripción latina. Están fechadas entre los siglos IV a.C. y III a.C. Su enclave estratégico dio lugar a que se instalara allí una venta que pasó a conocerse como Venta Juradera, ya que en este lugar el rey Enrique IV se reunió con Isabel la Católica en el año 1468 y la juró por legítima heredera del Reino de Castilla. Hay varias teorías sobre la función de los verracos. En general, los animales que están representados en estas esculturas tenían un significado religioso, protector y de fertilidad dentro del sistema de creencias de los distintos poblados que habitaban el Mediterráneo durante el primer milenio antes de Cristo. La palabra verraco proviene de un término en latín cuyo significado es “macho porcino reproductor”. Hoy día se acepta que los verracos tenían principalmente funciones religiosas, protectoras y de señalización de zonas de pastos. La ganadería era parte fundamental de la economía de estos pueblos y posiblemente a estas representaciones se las considerase una especie de divinidades. Durante la época de los vetones, se encontraban en dos zonas bien diferenciadas, siempre en lugares visibles: una muy cerca de la entrada de los poblados, los oppida. Aquí tendrían un sentido religioso y protector de las gentes que vivían en su interior. Otra cantidad muy significativa de verracos se han encontrado en zonas de pastos, a una distancia relativamente cercanas de los poblados, hasta 4 kilómetros a su alrededor. Eran lugares en donde los pastos y el ganado era la base fundamental de la supervivencia de estas comunidades de la Edad del Hierro. Aquí podrían representar una protección del ganado y también indicar una especie de hitos territoriales, es decir, los puntos indicativos de las zonas más importantes de pastos a donde llevar al ganado, de manera equivalente a un sistema de ordenación y planificación geográfico para los ganaderos vetones. Durante la época romana tuvieron principalmente una finalidad de monumento funerario, colocándose sobre las urnas de piedra, las “cupae”, en donde se depositaban las cenizas y los ajuares de personajes destacados. Algunos tienen inscripciones en latín que recogen el nombre del difunto a la que está dedicada la escultura. Se esculpieron nuevos verracos y también se reutilizaron algunos antiguos. Sin embargo, su utilización fue de decayendo hasta que dejaron de tener uso a partir del siglo II d.C.
Edifici d'interès

Horno Publico.

Arquitectura religiosa

Pequeño Campanario y Tumba a 100mtrs al otro lado de la carretera

En vez de seguir el track si sales a la carretera podrás disfrutar de dos elementos interesantes de la Villa. Sepulcro altomedieval (S.VIII-S.XI) Sepulcro excavado sobre lanchar granítico que, condicionado por la disposición de la superficie, se orienta Sur-Norte, transgrediendo el ritual cristiano que obligaba a deponer el cadáver orientado a Jerusalén. Tipológicamente es de planta trapezoidal, con orejeras enmarcando la cabecera; quedaría cubierto por lajas, para cuyo asiento se regularizó la superficie, incluso se insinuó el cajeado de la estructura funeraria mediante el entallamiento de la roca. Los sitios formados por una tumba, o por un pequeño núcleo de sepulcros, responden a inhumaciones aisladas, a la reclamación de derechos de propiedad, a un control familiar de la localización y a una memoria básicamente familiar, no comunitaria (como lo serían los cementerios más numerosos). Suponen auténticos monumentos campesinos que, emplazados en lugares visibles desde las áreas cercanas, se asocian a una memoria familiar. Las necrópolis excavadas en la roca son frecuentes en las zonas serranas de la provincia de Ávila, correspondiéndose con áreas sepulcrales cristianas que pertenecerían a pequeñas comunidades de aldea. Si bien no existen más sepulcros excavados en la roca en el entorno inmediato, en los años 50, cuando se trazó la carretera local, se destruyó parcialmente una necrópolis de inhumación de tumbas de lajas. En la actualidad, delimitando una parcela se reutilizaron lajas de granito que, sin duda, proceden del expolio de la necrópolis. Tumba excavada en la roca y tumbas de lajas podrían ser entendidas dentro de un mismo espacio sepulcral en el que convivirían cistas de lajas y sepulcros excavados en la roca, hecho que ya se ha documentado en otras necrópolis (La Coba en San Juan del Olmo). Al menos las tumbas de lajas se asociarían a un centro de culto, del que resta un cimbanillo encaramado sobre una masa granítica.
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