Temps  2 dies 21 hores 39 minuts

Coordenades 26139

Data de pujada 26 / de novembre / 2019

Data de realització de novembre 2019

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98 m
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88,26 mn

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a prop de Chavarría, Corrientes (Argentina)

El río que corre, se desprende de los mismísimos esteros del Iberá y serpentea por algo más de 200 Km, hasta mezclarse con el Paraná en un interminable delta. Entre arenales y barrancos tapados de monte, es un paraíso para los que disfrutamos el contacto con la naturaleza.
El río Corriente es el más caudaloso de la provincia, ya hace años lo mirábamos con ganas, desde arriba del puente. Muchas veces totalmente desbordado, tuvimos que suspender el intento anterior por una tormenta justo la noche antes de zarpar.
El lugar para salir, el Club de caza y pesca de Chavarría, el poblado más cercano al río. Mala época por el calor y por los tormentones correntinos que se descuelgan con 200 o 300 como nada. El río nos recibía con bajante, pero uno nunca sabe. La logística muy afinada, kayaks en Chavarría y el vehículo de rescate en el Paso Santa Rosa entre Esquina y Goya.
Zarpamos a eso de las 1130 hs, con el calor de la primavera avanzada. El programa era remar hasta media mañana, descansar a mediodía a la sombra y seguir las últimas horas de la tarde. Pesados por el arranque y por los litros de agua que traíamos encima, tardamos un rato en acostumbrarnos a esquivar los traicioneros bancos de arena, sobre todo cuando la corriente zigzagueaba en alguna recta. Paramos en una boca de laguna sobre la margen derecha del río, con la bajante el lecho de la laguna estaba empastado. El río había socavado la orilla dejando una barranquita ideal para desembarcar, los kayaks quedaron ahí nomás del agua y arrancamos para la cima de un banco dónde había un montecito de sauces más o menos tupido. Costó conseguir leña, pero suficiente para asar un par de bifes de chorizo. Acompañado con zanahorias y un flan de postre, la siesta en la hamaca era casi obligada. Con la quietud y el calor agobiante, una familia entera de Carpinchos salió de los pastizales y empezó a retozar en lo que quedaba de la laguna, ni nos prestaron atención incluso cuando nos arrimamos a sacarle fotos. Juntamos los bártulos e intentamos algo de pesca, pura palometa. Cargamos todo y arrancamos como nuevos.
En esta parte del río cruzamos un par de lanchas, por esto seguramente la fauna es bastante arisca y desaparece al menor indicio de presencia humana. No hay casas pero pasamos varias tomas de agua de arroceras funcionando a pleno. Por la tarde vimos varios yacarés la mayoría pequeños descansando en las orillas o flotando en aguas playas.
Para acampar no hace falta buscar reparo, el lugar elegido fue un afluente angosto sobre la margen izquierda del río, ingresamos unos cien metros a duras penas por la escasez de agua y recalamos en un banco enorme que dejaba un paso de agua de un metro por un costado. El afluente estaba plagado de sábalos que salían en estampida ante el menor disturbio. Al atardecer nos visitaron nuestros inefables compañeros de travesía, una yunta de rayadores que con su vuelo sigiloso pasaban a escasos metros del campamento. Arroyo arriba, ya noche cerrada, se veían ayudado con la linterna los ojitos brillantes de los yacarés. Despues de un baño reparador, cenamos unos coditos con queso, para recargar energías y descansar. La primera noche la pasamos iluminada por una inmensa luna llena que se estaba poniendo cuando nos levantamos.
Café con leche, galletitas naranja y apenas estaba saliendo el sol, como a eso de las 6 menos diez estábamos en el agua. Pasamos un par de arroceras más y en dos horas estábamos llegando al puente de la RP24. Siempre que uno va dejando atrás estos puntos es como que viene un golpe de ánimo. A eso de las 9 paramos en un extenso arenal antes de la desembocadura del río Batel, no hay nada más lindo que dejar las huellas en el arenal vírgen, hasta que nos dimos cuenta que no éramos los únicos. Fácil de identificar el rastro del yacaré, varios carpinchos y una de ave que calzaba más de 42 (Un Yabirú? después vimos en la orilla) El agua es transparente, de color té oscuro y el fondo de arena, en los playones se acumulan los sábalos. Quisimos llegar a la boca del Batel caminando, pero el último tramo estaba barroso, de vuelta me acompañó una pareja de Atíes que ruidosamente buscaban atraer mi atención y alejarme del nido que hacen en los playones de arena.
Seguimos río abajo un par de horas más, y paramos en una laguna igual que la del día anterior pero con más agua. Nos permitió ingresar y sacar los Kayaks en un césped impecable a unos pasos de una barranca tapada de monte. Costó unos minutos ubicar un camino para sortear los arbustos del borde, pero al final encontramos un paso contra el río. El día era impecable, ni una nube, eso es lindo pero el sol pega y el calor aprieta. Colgué la hamaca entre dos naranjos con una vista privilegiada del río, hice un buen fuego con leña dura y me preparé un revuelto de arvejas con huevo. Dejamos todo bien tapadito hasta que el medio kilo de bife de chorizo restante estaba a punto. No lo pude terminar, guardamos todo y me pegué una siesta de esas que uno no sabe en qué planeta está. Bajamos los bártulos y me tenté con la pesca, para pavear un poco, porque cena teníamos. Un par de palometas raras con forma de rombo, dientes finos pero temibles. Enganchamos algo grande!! La boca debía tener 5 cm de ancho dientes triangulares arriba y abajo, daba miedo! El primer mordisco me destartaló el mosquetón y el segundo dobló el anzuelo como si fuera de alambre. Esa cosa te limpia un dedo como nada! Por las dudas, de ahí en más, el baño con el agua a la rodilla…
Seguimos remando tranqui, arrastrados por la corriente. No hay señales de civilización, no se ven arroceras y a la tarde reaparecen los yacarés. En los lugares donde el río dobla en ángulo aparecen barrancos altos con monte, en las rectas el río se desparrama y aparecen islas. En una de esas orillas extensas tapizadas de césped recalamos esa tarde temprano después de haber remado algo más de 50 Km. Armamos campamento debajo de un sauce y emprendí una caminata de observación de aves, habremos juntado en un rato unas 50 especies, un poco decepcionado porque los “capuchinos” que andaban picoteando semillas en los pastizales eran todos corbatitas. Si la pajareada fue fracaso la pesca vino con éxito, a pesar de la noche de luna. Tirar y sacar bogas de un par de kg hasta el último pedacito de carnada que enganchamos otra palometa, de noche y justo que vino la nube de mosquitos del atardecer.
Cenamos los restos del mediodía con más flan de postre y a dormir. Ya estaba demasiado pesado y tuvimos que guardar todo ante la amenaza de lluvia. Otra vez arriba 4:30, otra vez la luna enorme iluminaba todo el río y la luz se multiplicaba reflejada en los arenales. El río debe tener 200 o 300m de ancho y los bancos se ponen cada vez más traicioneros. A eso de las 6 ya estábamos en el agua . Para el descanso de las 9 elegimos otra playita tapada de césped. En la punta de una forestación con pinos que llega casi hasta la orilla del río. Ordenamos un poco los bártulos que guardamos mojados de rocío y damos cuenta de una lata de duraznos. Despues se viene la pesca, hay un canalcito que desemboca sobre nuestra orilla. Empezamos en la boca y nos tentamos de caminar río abajo por arriba del banco con el agua a la rodilla, muy atentos a las rayas que las hay y muchas. Hugo pescó un par de mojarras nomás, que guardamos de carnada.
Seguimos viaje, el río está más ancho, aparecen brazos e islas, habíamos pasado varias casitas por las orillas seguramente porque a esta altura el río no desborda tanto como al norte. Un rato de remo y nos topamos con una verdadera mansión pintada de rojo oscuro con 6 ventanales que dan a una recta del río y dos alas con techo de tejas. Ubicada en lo alto de un barranco, increíble lugar. El día se puso nuboso y cada vez más pesado el calor y la humedad anticipan mal tiempo. Al mediodía paramos en un pequeño banco frente a un islote, las mojarras sirvieron para pescar otra boga que guardamos para la cena. Quisimos dormir, pero estaba demasiado caluroso, aún a la sombra y los insectos estaban muy molestos. Baño en el río, acomodamos las cosas y zarpamos temprano para ir descansando a flote y ganando algo de terreno. Para la tarde la orilla del río estaba muy poblada, pasamos varias casas sobre la izquierda y por eso elegimos para hacer noche un enorme arenal sobre la derecha. Costo juntar leña pero suficiente para asar el pescado temprano. Cenamos con luz de día y antes que anochezca preparamos todo el campamento para la lluvia. Ya de noche cerrada armamos un fogón y aprovechamos el fresco para descansar en la arena. Antes de acostarme emprendí una caminata por el extenso playón de arena iluminado por la luna, en el horizonte ya se veían los relámpagos. A eso de las 4 de la mañana comenzó a llover, no muy fuerte por suerte. En una interrupción guardamos todo el equipo en los estancos, desayunamos y quedamos listos para zarpar. Tuvimos que esperar un rato el amanecer para no terminar atorados en algún banco. No llovió más la mañana transcurrió nublada y fresca, excelente para navegar. La última parte el río ya es bajo, hay mucha más población y se ven a lo lejos los Eucaliptos del paso Santa Rosa. El puente aparece de golpe, despues de una curva y apenas llegamos se larga de nuevo a llover.
Picnic

Almuerzo 1

Picnic

Almuerzo 2

Picnic

Almuerzo 3

campament

Campamento 1

campament

Campamento 2

campament

Campamento 3

Waypoint

Casa

Platja

Parada 1 Arenal

arbre

Parada 2 Forestación

Pont

Puente RP 24

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