Temps en moviment  9 hores 20 minuts

Temps  un dia 5 hores 36 minuts

Coordenades 12434

Data de pujada 28 / de gener / 2019

Data de realització de gener 2019

  • valoració

     
  • informació

     
  • Fàcil de seguir

     
  • Entorn

     
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2.645 m
1.610 m
0
23
46
93,0 km

Vista 120 vegades, descarregada 3 vegades

a prop de Puente Nacional, Santander (Republic of Colombia)

Nunca pensé que en este recorrido fuese a tener tantos encuentros y felicidad, por ver tan hermosos paisajes en ascensos muy fuertes que eran al mismo tiempo, tónico y veneno para la paciencia, según el escenario.

Después de pasar por Guavatá, el sol se torna inclemente y los planes de llegar directo a Bolivar se desvanecen al saber que el camino donde me encontraba y al que no supe cómo llegué, me dejaría en Los Guayabos en Vélez, donde no tenía intención de llegar y haciendo que la casi línea recta de la intención original de ruta, se convirtiese en una sexi e inesperada parábola, que hacía más largo el trayecto, pero pasando el medio dia, asciendo a Palo Blanco por una poco transitada vía principal y me inundo de buenas vistas y la brisa que daba tregua a cada rato, de aquel sol que acribillaba el cuerpo.

Después de avituallar, en el alto de Palo Blanco, me voy abriendo paso entre la habitual niebla, hasta llegar al Polvero donde se inician los más crueles ascensos en trocha al ultimo pueblo de la provincia de Vélez que me faltaba por llegar en bicicleta y conocer. Creo haber escogido el más difícil para dejarlo de último.

Mi buena estrella me cobijaba con un clima más nublado y noble para la causa ciclista, cuando más inclinadas eran las subidas, habían montañas de raras y bellas siluetas y un desfile de aves de todo tipo, desde rapaces hasta pequeños pájaros que adornaban el gris del cielo con sus colores. Poco a poco se iba el dolor en el tobillo y la cabeza, de aquella caída que me obligaba a escoger entre seguir encerrado escondiéndome del astro rey o simplemente enfrentándolo y protegiéndome lo más que pudiese.

El único incordio era cuando pasaba algún vehículo y dejaba esa estela de polvo que teñía todo a su paso de un ocre pálido y molesto, que hacía ver muertas las plantas e incluso a mi, quedando como un ser de ultratumba de pálido semblante. Eso hacía que el baile uniforme de mi respiración, cambiara de ritmo y haciendo que el corazón se ponga a toda marcha, con tal de no aspirar esa molesta nube; me restaba la fé y me agotaba con cada segundo.

En un momento, destapo mi cara y un aroma fortísimo y dulce, hace que me detenga. Las plantanciones de mora expelían ese delicioso y agradable aroma que compensaba todo ese polvo del cuerpo que auguraba una buena tos nocturna.

Luego de un paisaje similar a Silent Hill, gobernado por la
Omnipresente neblina, en el mirador de Panamá, veo casitas en la distancia que tímidamente me saludaban y ahí ya sabía que descansaría. No pude tomarme la foto en medio de esas nubes andariegas que bajaban a la tierra a besuquearse con las montañas, pero disfrutaba de la alegría de haber llegado poco después de las tres horas de la tarde.

Hice el ritual de dar la vuelta al parque principal y detenerme en el templo, como hace eternos meses no lo hacía, mientras medito el regreso con felicidad, disfrutar esa sensación de estar por primera vez en un lugar y devorar algunas moras del camino, recién cosechadas por nobles gentes de esos campos, me encuentro unos ciclomontañistas que sugieren quedarme, después de unos saludos, contarles la historia del camino, una zambullida en una piscina natural del pequeño pueblo ya vestido del frío habitual en la noche de unos nueve grados y un buen tinto con pan para burlarnos del gélido clima. No éramos los únicos locos sonrientes que a esa fría hora de la noche, sumergíamos el cuerpo en el helado Pozo Karate, pues una señora quería toda el agua para ella y nadar en todos los estilos.

Llego a este paraje solo, pero regreso con nuevos amigos y es lo que hace de todo esto un buen alivio para abandonar todo pasado de horrenda quietud y tedio. Cierro los ojos y duermo como hacía mucho no lograba hacerlo, para ver cómo amanece en ese lugar que hasta ese día conocía. La promesa de mis amigos, que sería un buen espectáculo, se hace realidad cuando la neblina matutina, poco a poco se esfuma tímida, por los rayos del sol que se cuelan entre las montañas.

Me despedía de aquel lugar con el cariño espontaneo de un hermoso gato (perdón por esta redundancia, pues todo amor gatuno es así) y con la mejor postal impresa en los recuerdos, mientras el cielo pasaba de rojizos a un azul intenso, desciendo lo antes sufrido y tengo otro agradable encuentro con un viejo amigo con quién diecinueve años atrás había empuñando armas, prestando el servicio militar en la ciudad de los tesoros escondidos y luego del saludo a él y sus acompañantes también en bicicleta, regresamos a Sucre, poblado que los vio nacer, ya quedando a escasos veintidós kilómetros de mi casa, por una vía entre mayoría de asfalto.

Todo pintaba bien pero antes del poblado de Bolivar, a mitad de trayecto, sin razón aparente, comencé a sufrir los estragos del sol, inversamente proporcionales a los pocos kilómetros de esa mañana recorridos. No entendía nada, pues indagaba las circunstancias y todo lo había hecho bien, buen sueño, comida, medicamentos y ánimo, a excepción del clima que estaba insufrible. Tenía temor de no poder pedalear más y caminar los siete kilómetros restantes. No dudé en pedirles que adelantaran que todo estaba bien y que pronto nos veríamos y así fue.

Bajo un poco la cadencia e
Ignoro la molestia en el tobillo y cabeza, pudiendo al fin llegar a Sucre y al final descansar un poco en la casa de mi amigo. No podría abusar más de aquella buena fortuna o de la ayuda de mis ángeles que desde arriba, acomodan el escenario a mis circunstancias, por todo lo que había que agradecer de este viaje y de la reciente buena salud y en contra de toda actitud predecible de mi parte, que se empeña en la persistencia, decido apelar a la tan ignorada prudencia y dejar de pedalear, justo allí.

Los escasos kilómetros faltantes los haría en un campero de servicio público y mi bicicleta por la escasez de espacio en el vehículo y el cobro excesivo del conductor, se quedaba en Sucre, a la espera de que mi amigo pasara por mi pueblo y a buena voluntad, la trajera. Al día siguiente, veía cómo traían mi navío polvoriento, en el platón de una patrulla de policía, gracias a la gestión de mi buen y gran amigo, quien mi madre tanto quería, como si viese el futuro cuando vivía y sabía de toda esta generosidad de él y de su señora madre, quien con hermosos ojos verdes siempre me sonríe.

Curiosamente no me sentía derrotado o rendido, pues aunque el trazado de 120 kilómetros planeado, no se completara ni en tiempo ni distancia, regreso a casa feliz y agradecido, porque vuelvo con el apoyo de nuevos y viejos amigos, no habiendo nada mejor que ello y poco a poco vuelvo a vivir; poco a poco (...)
Un buen camino de herradura, netamente rural y con cruces a cuerpos de agua, con un fuerte ascenso al final, bordeado de casas de arquitectura inusual. No lo recomiendo en época de lluvias.

8 comentaris

  • Foto de diegono

    diegono 11/02/2019

    Hermano que bueno volver a leer tus relatos que parecen un cuento con parte de alegría dolor pero terminan con un final feliz.
    Me.alegra que estés otra vez sobre la bici y si esa ruta tan larga es con la que estás empezando. Me imagino que este año lo vas a terminar muy lejos de tu casa

    Saludos

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 11/02/2019

    Gracias Diegono, aunque el tiempo fue bastante pero ahí vamos. Ya había hecho previas rutas antes e incluso un buen accidente me hizo retrasar aún más la bicicleta pero ya había entrenado y pues estoy contento de retomar.

  • Foto de diegono

    diegono 11/02/2019

    Lo importante es ganar nuevas experiencias y disfrutar los momentos felices como los ratos un.poco duros que nos propone cada ruta. El tiempo pasa a un segundo plano cuándo vuelves a tu casa con nuevas historias que contar. Y que bueno que estés sacando a pasear nuevamente esa bici

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 11/02/2019

    No se imagina la alegria. Era como tomar un galón de guarapo, después de cruzar el Sahara a píe.

  • Foto de diegono

    diegono 11/02/2019

    Jajajajaja me.imagino que llegaste hablando más que un perdido cuando aparece

  • Foto de Oscar Upegui

    Oscar Upegui 19/02/2019

    Muy buen recorrido por estos bellos lugares de Santander y como siempre una muy buena Crónica como las que siempre nos tenes acostumbrados, veo que el recorrido tuvo caída incluida como solo tu lo sabes hacer, lo importante es que te paraste y seguiste como todo un buen guerrero.
    Gracias amigo DXMARIUS por compartir el trazado y felicitaciones por ese buen registro fotográfico.

  • Foto de Esneider Román

    Esneider Román 26/02/2019

    Siempre es muy ameno leer crónicas que te hacen vivir la experiencia de algún modo. Todo Santander es un deleite.

  • Foto de DXMARIUS

    DXMARIUS 21/03/2019

    Gracias amigo Esneider, por su comentario y su valoración.

Si vols, pots o aquesta ruta.